Este impresionante y legendario cerro colombiano, también denominado "monte en forma de dientes", despierta el mayor interés de quien visita el país. A partir de la caída del sol, cuando el tiempo parece detenerse en su cima, el santuario da el toque místico final.
Desde hace unos 402 años atrás vigila permanentemente toda la ciudad desde sus 3.131 metros de altura, y se podría asegurar que es prácticamente imposible no conseguir contemplarlo desde algún remoto rincón de Bogotá.
Pero no todo en él es belleza natural o arquitectónica, aquí lo más importante de destacar según los lugareños, es la unión entre Dios, la mano del hombre y su fe, logro que simplemente su aire y entorno simbolizan.
La construcción del santuario que corona su cumbre fue autorizada por el presidente del Nuevo Reino Unido, Don Juan de Borja. Por otra parte quien fuera el creador de dicha obra, Don Pedro Solís, decidió construir además un monasterio culminándolo en el año 1657.
Para poder ascender es necesario utilizar el teleférico o el tren funicular aunque no podemos desconocer la posibilidad de ascender a pie por el único camino empedrado que subsiste aún. |