Otra mejoría
fácil de percibir es la cantidad de funcionarios
disponibles para atender a los visitantes. El Ibama tenía
sólo 30 personas para trabajar en la preservación
del medio ambiente y en la atención a los turistas.
El resultado, naturalmente, era ineficiencia.
Según recuerda Jorge Luiz Pegoraro, jefe del Ibama
en el parque: “Actuábamos en un área
que no era nuestra especialidad, el turismo. Eso complicaba
todo nuestro trabajo e impedía que nos concentrásemos
en la preservación.”
Actualmente son más de 150 funcionarios enfocados
exclusivamente al turismo. Las inversiones por parte de
Cataratas S.A, sin embargo, no terminan allí. La
empresa inyectó, desde el inicio de la concesión,
más de 9 millones de dólares.
“El Ibama no tenía siquiera baño en
el parque. El turista salía decepcionado con la falta
de infraestructura. Hicimos una serie de obras que el gobierno
demoraría 100 años en hacer”, confirma
Wádis Benvenutti, director de la empresa concesionaria.
Entre las iniciativas de Cataratas S.A se destacan las construcciones
de un nuevo elevador panorámico y de una plaza de
alimentación con derecho a un restaurante de calidad
internacional y vista privilegiada de las Cataratas.
Todo esto brindo al parque capacidad para recibir hasta
12 mil visitantes diariamente, mientras el promedio de visitas
es de 2.500 personas. Del otro lado de la sociedad, el Ibama
aprovechó la concesión para concentrar esfuerzos
en la conservación del frágil ecosistema local.
Libres para actuar exclusivamente en sus áreas,
técnicos ya trabajan en estudios sobre el impacto
causado en el Parque Nacional por las visitas a las Cataratas.
Ellos también preparan un amplio proyecto de educación
ambiental
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