Quizá debido a que en sus comienzos simplemente se trató de una especie de lugar de paso más que nada entre los Valles de Aserrí y Barva, el nacimiento de San José no pudo haber sido más modesto de lo que fue.
Directamente ésta, la actual capital costarricense, nunca fue fundada ni siquiera al mejor estilo de los colonos, es decir celebrando una misa con iglesia nueva, colocando la piedra fundamental del cabildo y otorgándole el nombre formal futuro a la ciudad.
Por el siglo XVII constituían la provincia de Costa Rica solamente dos poblaciones importantes, Cartago (sí fundada) y Espíritu Santo de Esparza.
Sin contar las otras que el éxodo de algunas familias fue popularizando con el tiempo, tal es el caso de Aserrí, Curridabá, Pacarca y Barva.
Pocos años después, más exactamente en el 1736, el Cabildo de León ordena edificar una ermita representativa en la Boca del Monte de Curridabá, el lugar más accesible y céntrico para los pobladores de Aserrí. Dos años después finalizaría la construcción.
Si bien la iglesia ordena inmediatamente a la población reinstalarse a sus alrededores, esto no se logra por problemas de abastecimiento de agua hasta 1755 cuando Tomás López del Corral, el alcalde de Catargo, pone pena por no hacerlo de hasta cien pesos y castigos corporales.
Así comenzaba la historia del nacimiento de esta nueva y particular ciudad sin fundar y sin querer poblarse, pero inaugurada al fin con la ermita levantada en plena Boca del Monte. |