Un mundo increíble de plantas y flores
al cuidado casi obsesivo de quienes están a su cargo,
es el legado del naturalista que en el año 1928 iniciara
el Orquidiario del Estado (en Agua Funda), Francisco Carlos
Hoehne.
No resultaría para nada difícil sino muy
por el contrario hasta verdaderamente tentador, el simple
hecho de imaginarse uno mismo y aunque sea por un momento,
estando en medio de un mundo en el que nuevamente primara
y a su vez reinara ante todo la vida vegetal.
Ser capaces de sentir el fresco, la humedad, el abrigo
y la calidez que brinda la tierra y sus frutos a la humanidad,
definitivamente no es poca cosa pero menos, en medio de
una prácticamente inviolable jungla de cemento.
Este monumento a la naturaleza de Sao Paulo abarca un territorio
aproximado de ciento cuarenta y tres hectáreas; dentro
de las cuales es posible encontrar desde invernáculos
y un museo hasta Bibliotecas temáticas.
Los dos invernáculos que lo constituyen se consideran
la esencia misma del jardín; mientas que en uno se refugia y
protege un sinnúmero de plantas autóctonas de la Mata Atlántica,
el otro suele utilizarse como el espacio físico predeterminado
para las exposiciones temporarias.
La Biblioteca mas importante por su parte es obra del Instituto de Botánica.
En ella se encuentrana disposición seis mil cuatrocientos libros
entre obras antiquisimas y un insuperable acervo botánico.
No obstante, el Museo n se queda atrás, ya que alberga
muestras de todo tipo de plantas nativas correspondientes a la flora típica del Brasil,
a lo que se le debe agregar una serie de productos como fibras, maderas, óleos y semillas
extraídos de las propias plantas.
Después de saber de todo esto y teniendo en cuenta hasta su destacada arquitectura,
la que incluye un portón histórico que data del 1894, no hay más que preparar las maletas y dejarse llevar. |